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Ecuación
la luz con tímidas partículas se filtró en sus labios
y un terciopelo inmaterial la trajo a los avatares de la realidad
era la hora del planchado sin caprichos
arribar a la ciencia de sacar las arrugas
deslizar la camisa como los cabellos en un lecho de caléndulas
darle energía a las medias, al corsé, los botones, las puntillas
darle luz al blanco atardecer brumoso en la diáspora de los recuerdos
y a las patentes del tiempo en luz roja incandescente y esclava
la experiencia la confirma una perfecta ama de casa
es obvio que se mueva como una alondra desde su mangrullo de zócalos y mesadas grises
mientras pululan por el aire de la cocina una serie de insectos
relativamente nauseabundos necesarios y fatales
lagartos y buitres se asoman por sus dedos
sin embargo se coloca el amarillo delantal
y comienza el rito de cortar la cebolla
en juliana por favor en forma electromagnética 300.000 kilómetros por segundo
no se resigna
quiere alcanzar una onda de luz
“la velocidad no es más que el espacio que un objeto recorre partido por el tiempo
que tarda en recorrerlo”
no hay diferencias entre espacio y tiempo
entre el rouge que abarca un rostro resignado
y los años que se deshacen en manojos
como las uvas de aquel pueblo donde habitó momentos
nada viaja tan de prisa como la luz
nada camina con tanta monotonía como esos pies de zapatos marrones
tal vez la princesa espere el efecto fotoeléctrico que la revolucione
hacia lo más preciado de sí
e incorpore a su vida vuelos expectantes y ofrezca una taza de té con canela a su príncipe
que luego de siglo y medio vuelve al acecho y le habla en lenguas azules
y le dona hijos nietos biznietos
hasta morir de viejos
entrelazados en una noche de tormenta
Alicia Giordanino, Argentina
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